jueves, 2 de octubre de 2008

Sino de becario

Que mal nos hizo una mujer. Que mal nos hizo un desliz. Que mal nos hizo un acto tan placentero. Que mal nos hizo al noble, fresco y entusiasta gremio de becarios. Desde entonces, sea cual sea el oficio que desempeñemos, nuestro trabajo quedará siempre encapotado por una mancha, y nunca mejor dicho.
El término literal, “becario” no hace referencia más allá que aquel que está realizando una actividad por la cual recibe una cuantía económica proveniente de cierta institución y/o empresa. Es más, según el Diccionario de la Real Academia Española becario es aquella: Persona que disfruta de una beca para estudios / Colegial o seminarista que disfruta de una beca. (Nota: beca no es ningún sinónimo de cojín u otro artefacto que ayude a amortiguar el peso del cuerpo para que las articulaciones no sufran durante cualquier actividad que se realice arrodillado)
La cuestión es que la mente de la gente no alcanza más allá de, con perdón, una señora mamada.
Nuestros méritos laborales, nuestros galones académicos e incluso nuestra capacidad intelectual y voluntariosa se ve no sólo ensombrecida sino puesta en duda. Llevar el cartel de becario incluye en el lote el tener que soportar que todos te examinen de arriba abajo cerciorándose del nivel de desgaste de tus rodillas y examinando cualquier resto de cualquier sustancia que tengas en las comisuras de los labios.
La rabia me impulsa a gritar un ¡¡¡Basta ya!!!, pero esta expresión suele ir ligada a alzar al cielo azul nuestras manos blancas y echando un vistazo al ambiente que rodea a esta entrada, me resulta chocante y vergonzoso referirme a unas manos blancas. Por lo tanto me limito a declarar mi más profundo sentimiento de estar hasta los claveles, hasta los huevos e inclusive hasta los mismísimos cojones de tener que aguantar al graciosillo de turno con esa sonrisilla típica de aquel que porta la bandera del Japón sobre aquello que llaman culo.
Espero que nadie se sienta molesto por mi lenguaje grosero, ordinario, rudo, basto, chocarrero, tosco, bruto, agreste y soez. Es lo que es, hay lo que hay.
Y como siempre, a falta de no disponer de un teléfono para aludidos, dejo un recadito diciéndoles que yo, becario a mucha honra, estoy disfrutando como nunca. Allá cada uno con sus interpretaciones ya que yo me las paso por (viva las rimas).

1 comentario:

Rubén García dijo...

Yo creo que deberías de recurrir a Encanna de tarde para resolver tu problema. Quién es aquella persona que te tortura día tras día??

P.D.: Muy bueno lo de las manos blancas, jajaja