martes, 7 de octubre de 2008

AUSIENCIX & OLVIDIX contra el Pesar

Érase una vez en una era de leyenda y fábula donde vivieron un grupo de aventureros infatigables. Juntos formaban una de las legiones combatientes más feroces en los albores de la madrugada. Cualquier campo de batalla les era favorable. Ya fuera en una pista de pelota, en una cabaña de luces y pociones embriagadoras o en cualquier caseta particular junto a la magia de las imágenes luminiscentes animadas.
La asociación de la tribu era dura y consistente como los entresijos de cañas y las mezclas de barro y paja que edificaban los refugios de antaño. Su compenetración les hacía invencibles ante cualquier imprevisto. Allá donde fueran avanzaban portando la bandera de la unión y por escudo y lanza un sentido del humor envidiable. Con esa premisa se decidieron a invadir el extenso paraje de Internética Augusta. Allí fundaron una aldea pequeña, humilde y sencilla donde el poder de la palabra reinaba. Gracias a la aportación de todos y cada uno de los creadores, la aldea fue creciendo, fue transformándose en poblado, villa y metrópoli siendo visitada por cientos de pasajeros. Pero como bien es sabido de buenas intenciones está empedrado el Infierno y el benévolo propósito de uno de los fundadores se vio convertido en el origen de una concentración de grietas. Aunque en el fondo todo seguía igual que siempre he incluso daba la sensación de que el grupo podría salir fortalecido, lo cierto es que a ras de piel, la estructura de la legión se tambaleaba inducida por los afilados puñales que se catapultaban en forma de entradas como piedras y comentarios como vasijas de aceite hirviendo. Desde entonces la nube de la decadencia sobrevoló la aldea. La gran mayoría de los miembros del tropel se marcharon a una ciudad mayor, más concurrida y con mayores posibilidades para aquellos que ansían el ocio, guiados por tropas de germanos, galos y romanos, abandonando la aldea y sumiéndola en la más absoluta indiferencia. Allí quedó solamente uno. Algunos cuentan que fue un provocador y un bullero. Otros lo tacharon de chiflado y de primitivo. Unos pocos relatan que de vez en cuando se dejaba ver por la gran ciudad de Travian y por la extensa Lorquinus donde visitaba a sus antiguos compañeros. Existen mitos que hablan de que este guerrero jamás abandonó la aldea y que luchó fervientemente (junto al intermitente apoyo de su eterno aliado) por mantenerla viva a base de fuegos con llamas de palabras que emanaban chispas de doble sentido, irradiaban luces de ironía y dispersaban un calor rebosante de esperanza, amistad y simpatía. Algunos dirán que lo hacía para desahogarse, como vía de escape y escaparate para sus dudas e incertidumbres. Otros lo acusarán de cobarde por esconderse tras los muros de la palabra. Hay incluso quien pregona que su única intención era alcanzar la eternidad. Como en toda leyenda, como en toda fábula, las porciones de lo que es real y de lo que es ficción corre a cargo de la fe del lector.

Esta es la historia de la lucha contra la indiferencia, la desgana, el desinterés, la ausencia y el olvido.

3 comentarios:

Cristo dijo...

Felicidades Pablo, cada vez te superas en las entradas,esta es genial,y verdadera en lo mas profundo,a veces he de decirte k las aldeas puede k parezca k estan abandonadas,o k solo la habitan gentes olvidadas,pero no es asi,aunk no se vean,ni se oigan, las almas de cada uno de los k la habitaron siguen purulando sin descanso,hasta k al fin y al cabo se den cuenta de lo k x un momento olvidaron,y regresen a este magnifico redil x ti labrado,un abrazo

Pablo R.D. dijo...

Gracias Cristo, es una enorme bocanada de aire el que ecribieras este comentario. No sólo por lo que dices (tu visión esperanzadora la comparto, nunca la desterré, aunque la mantuve algo agazapada) sino simplemente por esribir. Una entrada mía nunca será completa sin los comentarios vuestros.
Cuídate.

Rubén García dijo...

Eiiii. Es verdad, me lo dijiste un día que llevaba prisa y solo pensaba en deshacerme de tu presencia. Pero entre interminables palabras resonó una frase que durante todo el trayecto me hizo analizar el título de la entrada: "no has leído aún AUSIENCIX & OLVIDIX contra el Pesar"?? Eres un gañan, si es una de las mejores. Ya verás como te va a gustar". Al final me digné a leer todo lo atrasado y he de darte la razón, es una de las mejores sin duda alguna, aunque quizás te aventuraste demasiado. Por supuesto estoy con Cristo hasta la muerte -solo en lo que has dicho más arriba, tampoco te emociones, jaja- y seguro que por el bien de esta comunidad no caigamos en el olvido, y lo que es peor, en la ausencia.

Un saludo.