domingo, 15 de febrero de 2009

Causa / Efecto

El esfuerzo y el trabajo han salido a surcar mares de incógnitas y dudas, buscando la certeza y la confirmación tranquilizadora de que el resultado es aceptable, pese a que no se haya hecho un buen trabajo. Ostia, espera… ¿he escrito lo que creo que he escrito? ¿Se puede obtener un producto bueno sin un trabajo bien hecho? Puede ser que el trabajo sólo sea un paso tan intermedio como necesario, separando la aplicación final de las ideas iniciales y decisiones continuadas. No eximo de culpa ni de gratificación a ninguna de las partes pues la causa de la causa es causa de lo causado.
Seamos hombres de mar, de tierra, de aire o cielo, de fuego o infierno, de fe o religión, de ciencia o vida, de lo que no se puede escapar es de que toda acción provoca una reacción.
Cada movimiento, cada pensamiento, cada paso, cada palabra dicha y cada palabra callada, cada beso robado, cada pestañeo involuntario. Todo es causa de un efecto; todo es consecuencia de una acción.
O no.
El otro eslabón de la cadena que nos mantiene presos es ese principio de incertidumbre que siempre revolotea sobre nuestro día a día. Mas uno es reacio a aceptarlo en determinadas condiciones; más cuando se es fiel seguidor de este universo elegante. Aunque es complicado afirmar tal fidelidad cuando la mente se te cubre con el velo bordado por aquel genio con la seda que grita que nunca pertenecería a un club que me admitiese como socio.
No obstante los cimientos de la elegancia se basan en el equilibrio. Tenemos una balanza donde caben todas las posibilidades y por lo tanto no se puede descartar nada. Simplemente hay que decidir en que lado de la misma colocar todas y cada una de las cuestiones planteadas.

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