jueves, 26 de febrero de 2009

Ido y Revuelto

El más veterano puede cometer los errores más infantiles.
El más grande puede golpearte con una noche de agarrotamiento
Y es que no siempre querer es poder; pero lo que nunca será es el poder sin querer; y sin querer te estoy dejando pasar, pues pasa el tiempo y cada vez que quiero, el silencio y la distancia pueden más. Mas no sé si quiero más, ya que te echo de menos pero el impulso va a menos y al menos que de aquí a un segundo el aire me entregue alguna palabra tuya, sólo seré eso, un segundo regalando palabras de desaire.
De una derrota se pueden sacar cosas positivas.
De un tropiezo uno se puede volver a levantar con más fuerza.
Y es que no todo está perdido, pero es más fácil llegar a buen o mal puerto con viento a favor, y no es que me haga un gran favor al recordarte, pues recuerdo que tu recuerdo se perdió en el silencio y en la distancia. Mas sé que quiero más, ya que necesito perderme por unos días pero no puedo perder ni un día y día a día contemplo como van cambiando detalles en mi vida y sólo seré eso, una vida regalada a cambio de un detalle.

Una serie de opciones divididas
Me tiene el pensamiento ido y revuelto
Tras la noche de ayer con su decepción incluida
Hoy me he levantado con el desánimo suelto

miércoles, 25 de febrero de 2009

Ida y Vuelta

Vendrán la pesadumbre y la flojera
Cuando la cumbre se vuelva puñetera
Y me deslumbre esta borrosa quimera
Se irán la voluntad y la iniciativa
Cuando la falsedad corrosiva
Deje a la honestidad supurando en carne viva
Se marchará el hambre y el deseo
Cuando el enjambre de sentimientos que acarreo
No desfilen por el alambre de la fantasía que recreo
Se quedarán la ilusión y la sonrisa
Cuando la confusión de verte indecisa
Desabroche el último botón sin pausa ni prisa
Avanza hacia delante la esperanza
Cuando se camina con el semblante de la confianza
Devolviendo a este infante el orgullo y la añoranza
Se detienen las agujas y la arena
Cuando el espíritu blanco empuja y condena
A sufrir a los que ven como se desdibuja la docena
Se van algunos hacia el clamor de la multitud
Ofreciéndose el doctor a dejarte sin salud
Y pregonando lo de paz y amor, lo digo sin acritud
Vuelve el chota ágil y sembrado
Con el misterio grácil que me ha caracterizado
Y es que tengo la palabra fácil pero el labio es complicado

Entre lo que se suma y lo que se resta
Voy comprando billetes de ida y vuelta
A ver si esta noche continúa la gesta
Y dejamos la eliminatoria resuelta

miércoles, 18 de febrero de 2009

Carnavales del día a día

El día de hoy se disfraza de sosiego, calma y tranquilidad no dejando ver ni la preocupación ni la inquietud que llevo dentro desde aquella noche disfrazada de reunión coloquial en la que sólo nos quedamos tú y yo, disfrazados de sinceridad y deseo.
En el día de hoy vuelvo a ocultar mi descontento bajo el antifaz de la sonrisa forzada y vuelvo a cubrir este blog con la capa de franqueza que no suelo abandonar en el diván de la hipocresía.
Del mismo modo, la providencia se camufla entre estrafalarios embozos para anunciarme que de nuevo no me disfrazaré de fiestas ni multitudes. Visitas familiares, planes no planificados, gastos desgastados y demás viruta brillante cual lentejuela, adornan la negación y la desgana.
Del mismo modo la gente sale a la calle con los bolsillos llenos de máscaras de las que irán echando mano según lo requiera el momento, mostrando no lo que uno es, sino lo que los demás demandan, envolviendo a la falsedad con el disfraz de las buenas maneras.
En el día de hoy mis obligaciones se engalanan con el vestuario extravagante que últimamente cubre mis certezas de desvíos corregibles, hacia los que me encamina el tiempo disfrazado del excelente profesor y amigo traidor que todos sabemos que es.
El día de hoy se disfraza de serenidad, firmeza y valor disimulando el miedo a comprobar que lo que busco es sólo la careta sentimental con la que disfrazar un simple capricho.

lunes, 16 de febrero de 2009

Casa / Afecto

Un hombre en silencio cantaba que había visto a la gente pasarles rozando y que había visto que algunos se habían ido, que algunos se quedaban y que algunos jamás habían estado. En la liga de las dimensiones, el espacio le gana 3-1 al tiempo, pero hay quien no le da importancia al dónde sino al cuándo. 4 paredes son lo mismo aquí que allí. Pero aunque la competición físicamente dimensional sea cosa de 2, el juego se completa con el adverbio quién, y es en este lugar o en este momento en el que el recinto que nos acoge toma otra perspectiva.
Una casa son un número finito de muros, pilares y ventanas o son infinitos fragmentos de afecto.
Una casa es una casa aquí y ahora; seguirá siendo una casa en otro lugar y en otro momento; pero dependiendo de quién entre por la puerta, de quién comparta la mesa y/o la cama, en las paredes de nuestra memoria afectiva se colgará un cuadro más o menos eterno de dicha morada.
Estás a punto de abandonar lo que nunca fue un punto de encuentro, cuando resguardas bajo su techo a aquellos que han hecho tan especiales tus últimos años, decorando así, con las cortinas de la hospitalidad amistosa y desinteresada, las ventanas que empezaban a opacarse.
La emancipación siempre se ha entendido como un acto de los hijos hacia los padres, pero también puede darse desde la traza opuesta.
La teoría de la relatividad lo deja bien claro: un mismo evento puede describirse de manera distinta por dos observadores que se mueven relativamente el uno respecto del otro. Así pues, uno busca la manera de esquivar las trampas que aquello que algunos llaman destino ha puesto en mi senda para conseguir atarte a mí, alearme a ti, para no desplazarnos relativamente sino conjuntamente, con el fin de que nuestros eventos, nuestra historia, se describa de una forma única.
Al fin y al cabo, al cabo y al fin, don sin din, cojones en latín...vamos que el cambio de casa nos afecta tanto como el cambio de calzoncillos, pero no hay que dejar de lado la entrada anterior así que...a causas y reacciones presentes les siguen efectos y reacciones futuras a desenvolver.

domingo, 15 de febrero de 2009

Causa / Efecto

El esfuerzo y el trabajo han salido a surcar mares de incógnitas y dudas, buscando la certeza y la confirmación tranquilizadora de que el resultado es aceptable, pese a que no se haya hecho un buen trabajo. Ostia, espera… ¿he escrito lo que creo que he escrito? ¿Se puede obtener un producto bueno sin un trabajo bien hecho? Puede ser que el trabajo sólo sea un paso tan intermedio como necesario, separando la aplicación final de las ideas iniciales y decisiones continuadas. No eximo de culpa ni de gratificación a ninguna de las partes pues la causa de la causa es causa de lo causado.
Seamos hombres de mar, de tierra, de aire o cielo, de fuego o infierno, de fe o religión, de ciencia o vida, de lo que no se puede escapar es de que toda acción provoca una reacción.
Cada movimiento, cada pensamiento, cada paso, cada palabra dicha y cada palabra callada, cada beso robado, cada pestañeo involuntario. Todo es causa de un efecto; todo es consecuencia de una acción.
O no.
El otro eslabón de la cadena que nos mantiene presos es ese principio de incertidumbre que siempre revolotea sobre nuestro día a día. Mas uno es reacio a aceptarlo en determinadas condiciones; más cuando se es fiel seguidor de este universo elegante. Aunque es complicado afirmar tal fidelidad cuando la mente se te cubre con el velo bordado por aquel genio con la seda que grita que nunca pertenecería a un club que me admitiese como socio.
No obstante los cimientos de la elegancia se basan en el equilibrio. Tenemos una balanza donde caben todas las posibilidades y por lo tanto no se puede descartar nada. Simplemente hay que decidir en que lado de la misma colocar todas y cada una de las cuestiones planteadas.

domingo, 1 de febrero de 2009

Dolor & Victoria

Hacía algunas semanas que mis pies no sentían el cuero de unas botas con tacos, la sensación de ponerse una calceta que tapara el manto protector que de la espinillera se esperaba, tiempo sin ponerme esos pantalones cortos que ni el mismo frío impide calzarse al mas temerario de entre los mortales en post de un sacrificio sin valor, exceptuando el propio y personal. Hacía aún más tiempo que no sentía la satisfacción provocada por la euforia que exhala el instante del tanto conseguido cuando nadie daba un duro por esa jugada sacada de la nada, y el dolor que en cada partido me acompaña, y es el que me despierta del letargo, y me baja de las nubes de pensar que quizás, y solo quizás estoy viviendo mis mejores momentos en cada zancada de césped baldío.

Viernes tarde-noche 30/01/09

Después de un día de “trabajo” llego a casa, y pienso si ir a tal acto, jugar el último partido de la primera vuelta. Hace tiempo que no juego, me noto cansado, apesadumbrado, de esos días que sientes que ya esta bien por hoy y puedes quedarte satisfecho pues conseguirás dormir pronto sin que los fantasmas de la monotonía hagan acto de presencia en la soledad de la noche. Pero hay ganas de luchar contra las inclemencias, de hacer lo que no apetece, de marchar al encuentro de lo aún no escrito y lo que esta por enlazar. Una niebla siniestra se posa en la ciudad, increíble su densidad, imperceptibles los viandantes divisados a distancia de unas decenas de metros, como antes de un trágico acontecimiento en una de tantas tragedias griegas llegamos a la escena del encuentro viendo nuevamente que los contrarios nos superan en número.
Como no…..nos falta gente, pero aun es pronto, faltan veinte minutos para el comienzo. Nos cambiamos, llegan refuerzos empezamos con nueve, al menos tenemos portero, y yo….el diez,¿¿ porqué el diez?? Los demás sonríen, una caricatura diabólica, como si esperaran que el mismísimo ángel negro rescatara del infierno al menos la ilusión de un equipo que roza el ridículo en la tabla. Comienza el partido pese a la niebla que bañaba el césped con su blancura, encuentro equilibrado con ocasiones para ambos bandos, al fin llegan dos mas y completamos el once, mis intervenciones se limitan a un par de pases al hueco q dejan solos contra el portero a dos compañeros que yerran en la ejecución final, por suerte el contrario también perdona, y antes del fatídico suceso, un tiro desde fuera del área y un remate de cabeza al primer palo a la salida de un corner que ataja bien el portero.
El fatídico suceso como he dicho antes se desarrollo en tres cuartos del campo, intentaba zafarme de la marca de un defensa para encarar la portería desde fuera de área y probar mejor suerte que mi anterior lanzamiento, me zancadillea, me traba, y en la caída el parpado de la ceja izquierda dio con su rodilla, sintiendo una mezcla de dolor y rabia contenida, mis manos pronto llegaron al encuentro de la parte dañada, esperaba con ello quitar de mi pensamiento una ceja partida, y asi fue, pero rápidamente la zona afectada se inflamo, para que dar más detalles del moratón…. Y poco más o menos sucedió en esa mitad, exceptuando que el agresor se preocupo, sintiéndolo.
Corrí a pedir hielo y una bolsa para una mejor aplicación, quizás eso me salvo de una visión menos clara para la segunda mitad, que empezó con una ocasión clara por mi parte pero que por falta de arrojo, resolución y por que no ser temerario en ocasiones, es una de mis cualidades, dio al traste con la ventaja en el marcador. Y cuando el partido ni fu ni fa, cuando todos andaban deambulando entre nieblas que dispersaba el viento y luego dejaba caer cuando dejaba de soplar con frío apremio, en un saque de banda en mitad de campo contrario, el cual cabecee hacia tras para hacerle un sombrero al defensa, quedome el balón a mi antojo, votando sin pena ni gloria después de llevármelo con el muslo escorado al marco decidí pegarle sin pensarlo, y así salio el primer gol, al palo corto, cantos de sirena volví a oír, al menos otra vez ese sentimiento, de euforia, bienestar pese al cansancio, el instante en que todo a tu alrededor se para, caras largas a un lado, sonrisas dibujadas en las conocidas, y como si el mundo por ese instante mereciera la pena, la quietud del momento, añorada ahora. Pero dura tan poco, y tan pronto la vuelta a empezar para lograr un desahogo mayor, para conseguir el dos cero al poco, y cuando creemos ir saboreando el dulce aroma que aletarga el paladar conformado el esfuerzo y convirtiéndolo en un afrodisíaco que adormece los sentidos nos encontramos con un inesperado tanto en contra, que nos baja a la tierra y nos sumerge en la eterna realidad de la temporada maldita, derrotas, empates, negación de victorias.
Cogen moral, se animan, sienten que pueden, eso simplemente se aprecia, nuestras miradas bajas hacen ellos un efecto contrario que solo un rápido golpe de efecto puede de nuevo traer la calma a nuestras filas y el desanimo a las suyas. Van a salir a presionar lo pienso, se nota viéndolos con un pie preparado para salir sprintando, intuyo la defensa algo adelantada, y entre dientes comento la posibilidad de aguantar el balón en el punto central y en el saque echar a correr como un jabato por detrás de los defensas mientras me lanza el balón al hueco, ¿quien se podría esperar eso?...gente con cabeza, lo se, pero hablamos de nosotros, del ardor del momento, solo de unos pocos es la frialdad, y esta no es del portero rival, controlo el esférico, se me va largo, pero no importa mis zancadas son grandes y el portero no mide la salida, solo hay dos posibilidades, el auto pase o el tiro directo, mejor el auto pase, confío mas en mi de esa forma, y así es, toco el balón y el portero se lanza a lo que antes era balón y ahora músculo y hueso, caigo fulminado, penalti, toma castaña, oigo voces, mientras me recogen del suelo, voces que dicen, - que ostión, ¿estas bien?, paverse matao- es ley de vida, el que algo quiere algo le cuesta, el físico al fin y al cabo es importante mientras no quede secuela alguna, y todo en post de ese sentimiento, de ese dulce momento, ese paron, ese instante en que no notas señal alguna de vida, sino mero placer y a la vez cansancio entremezclado con euforia. El temor a fallarlo….la duda del momento, la mente en blanco, toque suave, no muy ajustado, mejor asegurar, después el instante anhelado, de nuevo las caras en un lado y en otro, esta vez dedico el gol, aún personaje de chaquetón marrón, pantalones de pinza y zapatos negros, gorra de pana para que le abrigue la calva y las orejillas, gafas en la cara, nariz respingona, y bigote grisáceo, semblante familiar como pocos, al señalarle leo en su gesto….- que maricón estas echo, anda sigue jugando, que aun no ha terminado-, sopeso el momento, de nuevo quien me lo iba a decir una buena actuación, para mi se acabo el partido aunque al final cayeron cinco, y pudo llegar a ser alguno más.

Ese partido quedara como la vez que mi ojo morado me hizo recordar por unos días la satisfacción de la victoria pese al dolor del momento, el concluir la obra de teatro, pese a la tragedia, pese al augurio desfavorable, el cambiar el transcurso del pesimismo y trasformarlo en victoria, en nuestra victoria, en aquello que nada ni nadie jamás nos podrá quitar, pues siempre se podrá en una vida sin igual rectificar, volver a forjar, y hacer un poco mejor las cosas para que perdure en nosotros por siempre la sensación satisfactoria que hace parar el tiempo, el instante señalado y amado, provocando la alegría mas armoniosa, aunque exhausta, y prolongada que hace del momento un placer eterno.