Allí donde la primera fase de mi navegación termina
Allí donde a la vera de cada ser es el caos quien camina
Allí donde aún siendo el mismo sol el que nos ilumina
Allí no hay un dónde que no viva entre ruinas
Cuando uno llega a puerto tras 10 días navegando bajo el agua, dentro de un cascarón de dimensiones reducidas, rodeado de otros 50 seres, en unas condiciones alejadas de lo confortable, alimentándose de arroz, pollo y salsas picantes y aún así se desea volver a bordo, es sin duda porque lo que ha encontrado en tierra no es nada bueno.
Una ciudad de tristeza, miseria, desorden, autoritarismo, pobreza y caos. Las carreteras son una selva de voraces vehículos antiquísimos en estado terminal, cruzándose a su antojo, sin señalizaciones, sin más normas que las de o paso o nos damos; sin más lenguaje que el de la intermitencia de las luces largas y los constantes bocinazos. Cada viaje del hotel al puerto y viceversa se convierte en una ruleta donde se deben sortear otras tartanas motorizadas, carros de caballos y gente cruzando sin temor alguno, cual recortadores taurinos profesionales, esquivando por milímetros las carrocerías abolladas que llevan retrovisores cual pitones.
Una ciudad de miedo, control, temor, subdesarrollo, incoherencia y ruinas. Una lección de humildad para todos aquellos que no sabemos apreciar lo bien, lo muy bien que vivimos. Cambia mucho el cuento cuando pasas de la indiferencia de las imágenes televisivas a tener la cruda realidad frente a tus ojos. Hasta a un defensor del equilibrio, le cuesta admitir la existencia de semejante caos. ¿De verdad es necesaria la existencia de dicha anarquía para que entendamos el orden? Hasta a un quijote de la diversidad, le cuesta aceptar la subsistencia de una forma de vida, de una filosofía de convivencia social, de una mentalidad tan dispar. Supongo que para un amparador de la coherencia, las ruinas de dicha ciudad es el precio a pagar por los seguidores fervientes de lo radical.
Epílogo: No confundáis las ruinas físicas y morales a las que he hecho mención anteriormente con la majestuosidad de lo que se conserva del la Faraónica Egipto.
Lo que hoy vive entre tus arenas no es digno del marco histórico sobre la que te asientas.